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Una vez me midieron casi 290 de colesterol (del malo), hecho sumamente preocupante ya que el límite máximo estaba establecido en 250.

Con gran esfuerzo y no pocos sacrificios conseguí reducirlo a 250 pero de nada sirvió, ya que entonces resultó que el límite máximo había pasado a estar en 240.

Ahora he conseguido por fin bajarlo a 240, todo un triunfo por mi parte, triunfo completamente inútil como no podía ser de otra manera ya que ahora el límite máximo está en 200, nada menos (nada más) que 200, manda huevos (pero pocos y cocidos, fritos ni se te ocurra).

Tengo la absoluta certeza de que si algún día consiguiera bajarlo a 200 (dejando buena parte de mi felicidad en el empeño) tampoco serviría de nada ya que el límite máximo habría pasado a estar en 180 (por ejemplo).

Y así sucesivamente.

La enfermedad sólo es la ausencia de salud, a menudo la salud sólo es un número, el truco está en ir moviéndolo para que nos podamos sentir enfermos. Al menos hasta que lo estemos de verdad.

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