declaración de intenciones

zarandajaf. coloq. Cosa menuda, sin valor, o de importancia muy secundaria. U. m. en pl.

En mis lejanos años de infancia tuve siempre la sensación de que en casa hablábamos una lengua diferente a la del resto de la humanidad (humanidad hispanoparlante, entiéndase). Como si tuviéramos un microidioma para nosotros solos, hecho a base de modismos toledanos y demás palabros castellanos ininteligibles más allá de las cuatro paredes de mi cuarto de estar. Luego fue pasando el tiempo y poco a poco descubrí que no era para tanto, que algunos (sólo algunos) de esos términos existían también fuera, que a veces (raras veces) los podías encontrar en boca de presuntos seres humanos que no fueran mi madre, mi padre o mi abuela. Véase por ejemplo éste que nos ocupa: hubieron de pasar casi treinta años para que volviera a escucharlo, no ya en la voz de mis progenitores sino en la de un magnífico locutor murciano, eso son ZARANDAJAS, lo dijo como podría haber dicho cualquier otra cosa pero a mí me causó un extraño efecto, como si me transportara de inmediato al pasado y quizás también al futuro; quizás en ese mismo momento, sin que yo pudiera siquiera imaginarlo, empezó a gestarse ya el nacimiento de este blog.

No seré yo quien le lleve la contraria a la Real Academia Española de la Lengua, líbreme el cielo, estas zarandajas no pretenden ser más que eso, cosas menudas, sin valor y de importancia muy secundaria. Sabrán algunos que llevo ya unos cuantos años (¿demasiados?) escribiendo sobre baloncesto, no teman (o no se alegren, según), seguiré haciéndolo aquí al lado mientras el cuerpo aguante y mis exiguas fuerzas me lo permitan. Pero sucede que a veces (cada vez más veces) necesito escribir también sobre otras cosas, durante un tiempo lo intenté en otro lugar pero aquello acabó pudriéndose como no podía ser de otra manera, quién sabe, quizás intente reiniciarlo cualquier día cuando consiga superar su mal olor. De momento aquí me tienen, no tanto para que me lean (aunque cualquier lectura será siempre bienvenida) como para leerme yo mismo, no tanto para que entren en mi vida como para sacar mi vida al exterior. Me dirán que para eso ya tengo Twitter pero hay cosas que por más que lo intente no caben en 140 caracteres (tanto menos con mi natural incontinencia). Me dirán que hasta podría tener Facebook pero qué quieren que les diga, esa red social y yo nunca nos hemos llevado demasiado bien. Necesito este blog, sencillamente para llenar un vacío. Mi propio vacío. Con eso tendré ya más que suficiente.

Nacen pues estas zarandajas con vocación de cajón de sastre (y desastre, me temo). Intentaré escribir a diario (y puede que algunas veces hasta lo consiga) e intentaré además que sean entradas cortas (y puede que algunas veces hasta lo consiga), ya ven que me sobran las buenas intenciones, luego ya vendrá la cruda realidad a ponerme en mi lugar. Eso sí, de una sola cosa pueden estar bien seguros, más que nada porque es la misma que les digo siempre: siéntanse en su casa, disfruten cuanto les plazca y si no les place huyan, que no están los tiempos para permanecer allá donde no se esté a gusto. Y en cualquier caso gracias, mil gracias por su paciencia y por su atención.

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